He aquí una una joya sacada de la hemeroteca sobre la contribución de Meabe a la cultura argentina
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lunes
JOAQUÍN E. MEABE, UN FILÓSOFO EN TODA REGLA
JOAQUÍN MEABE, UN
FILÓSOFO EN TODA REGLA
Por Antonio Hidalgo Pedraza.
En las
postrimerías de 2014 facebook me facilitó la posibilidad de ir
conociendo a Joaquín, quien se interesó por mi libro "El
caballo de Troya de Descartes". Se lo remití pidiéndole que se
tomase la libertad de juzgarlo críticamente sin complacencias. Desde
entonces, salvando la distancias hemisféricas del vasto océano que
nunca logró apartar a las gentes de pueblos fraternos, cultivamos la
amistad como es posible a amigos de la filosofía a través de las
nuevas tecnologías, compartiendo nuestros intereses intelectuales y
manteniéndonos informados sobre nuestras andanzas indagatorias a la
vez que hablando de la vida. De lo divino y humano, sí, mas sin
perder nunca de vista la ocasión de participarnos las circunstancias
en las que se movían nuestras respectivas vidas.
Si en
las reseñas biográficas de este pensador argentino figura su título
de profesor, yo no se lo niego sino enfatizaré algo más importante
que quienes le hayan tratado ratificarán: su carisma como maestro
que con arte socrático y profunda humanidad atrae en torno a sí
discípulos. Y eso que no he tenido la suerte de disfrutar de su
trato directo y consuetudinario. Le conozco por el intercambio
epistolar a la usanza de nuestros días; pero estoy persuadido de
saber así lo suficiente de él como para afirmar que, al ir
conociéndole, uno percibe que con su logos, con su verbo
inteligente, Meabe contagia pathos vital que nunca deja indiferente:
aguijonea provocando interrogantes, abriendo a la vista horizontes
para el pensamiento y, siempre, amenizando la comunicación fluida
que mana fresca llena de vida y hace entender no menos que gustar las
historias en que se tiene que convertir todo lo que sea lúcidamente
humano, desde los arcanos hasta nuestro tiempo presente, desde lo
existencial hasta la concreta cotidianeidad.
Y es
así poco a poco cómo uno va dándose cuenta de que Joaquín se
amiga y te hace el honor de poder responderle con la misma moneda.
Porque no puede ser de otro modo, cuando puedes esperar su diligente
respuesta cada vez que te diriges a él y que te llega a sorprender
por su generosa y atenta disposición; y, además, cuando te hace
partícipe de una cultura profunda y una perspectiva luminosa que
devela y desencubre verdades del mundo que estaban ahí, en la calle,
en la vida, en la historia y los libros, pero que su mirada de
filósofo e historiador sabe capturar y, además, tiene la excelencia
de pedagogo capaz de conducirnos hasta puntos de vista desde los que
el pensar se hace una actividad que bucea hasta las profundidades de
las cosas para emerger ampliando nuestra visión de la realidad.
El 5 de
octubre de 1995 el poeta argentino Oscar Portela dedicó un artículo
en el "Diario" a Joaquín en el que le presentaba en toda
su dimensión humanística, intelectual y, por qué no decirlo aunque
sea evocando al viejo Aristóteles de quien tanto sabe mi amigo,
"poiética". En efecto, porque con todos sus esfuerzos, su
entrega y labor docente en su seminario de Filosofía de la Facultad
de Derecho de la UNNE ( Corrientes, Argentina), mi amigo ha luchado
sin intermitencias por "fecundar una nueva generación "
para que "quizá, recoja el desafío de pensar, aquí y ahora".
Y no creo que haya reconocimiento más valioso que le pudiese hacer
un poeta de prestigio sino dando testimonio de esa pasión de la que
tanto saben los amantes del verdadero arte: " ( Joaquín) no
busca el triunfo fácil ni oídos abiertos a la "page", no
busca honores ni publicaciones ni premios. Casi como los cínicos
sabe que lo que se enseña no tiene precio". Esto, que no es
poco, es una de las facetas que admiró el poeta al poblador de un
monte vecino, el filósofo.
Pero
no quedó ahí su elogio. Era sólo una aproximación a Joaquín para
abrirnos el paisaje de toda su obra: sus libros, sus traducciones al
castellano de los grandes griegos y sus "disquisiciones
filosóficas" en el diario "Época", y revelarnos
finalmente el fondo de las
cosas,
su vocación, su arte y su elogiable finalidad: enseñar a pensar
como pasión vitalísima por amor a su patria, a su pueblo, a la
juventud argentina, con " su
trabajo silencioso, callado y por ello para futuro"
más posibilista en clave
aristotélica que utópico en platónica, para la regeneración de un
proyecto de República que sólo es posible si el pensamiento se va
liberando del "adiestramiento técnico"y del "marketing
privado y público" abriendo
campo al pensamiento que no
se afana "en transformar ni salvar el mundo, en la forma de
expresarse de Heidegger, sino tan sólo preparar el terreno donde el
peligro "puede también ser lo salvador"" . Y
lúcidamente concluye Portela algo que es verdad no menos para el
país de mi amigo que para toda nuestra Europa: "El
peligro de no pensar, el peligro de creer que pensar es sólo
amaestramiento técnico..."Sólo por esto ya me resultan
dignos de atención todos los escritos de Joaquín E. Meabe.
Y
no es sólo el poeta
argentino quien aprecia la trayectoria de Meabe. También León
Rozitchner, prestigioso filósofo argentino que se codeó con los
grandes del estructuralismo francés, en una entrevista concedida a
Héctor Pavón en la revista cultural del Grupo Clarín "Ñ",
el 11 de agosto de 2007, dijo de él que era un verdadero "filósofo
de exportación". Recojo aquí la mención a Joaquín Meabe
hecha por este intelectual
"
-¿Existe hoy en la Argentina una filosofía o un
pensamiento que se entienda como crítico?
-Bueno, más que
filósofos pienso que hay profesores de filosofía dedicados al
estudio de historia de la filosofía y a la descripción de sus
sistemas. Y hay un relativo espíritu crítico pero me parece muy
poco como aporte. Creo que la filosofía se reduce solamente, o en
gran parte, al saber que se elabora en la universidad, y que no
trasciende mucho ese ámbito, salvo en algunas revistas. Podemos
pensar en "El ojo mocho", en "Confines" o en "El
Rodaballo". Esos son los ámbitos en los que se desarrolla la
crítica filosófica. Pero hay jóvenes que prometen romper ese
círculo.
-¿Es en estos
grupos desperdigados donde funcionan hoy las usinas del pensamiento?
-Es un poco difícil
hablar de usinas de pensamiento porque para eso tendría que haber
una producción intensiva. Si no, no justifica la usina, no paga los
gastos. La única que paga los gastos sería la facultad, que paga a
los profesores por enseñar filosofía. Pero las usinas son ciertos
grupos muy pequeños que se reúnen alrededor de revistas o núcleos
de estudio, de amigos. Pienso en algún lugar en Córdoba, con Oscar
Del Barco, Héctor Schmucler, que han formado escuela. En Corrientes
hay un profesor internacionalmente conocido, un pensador crítico
como es Joaquín Meabe, pero desconocido para el campo de la
filosofía local y, sin embargo, muy reconocido afuera. Es un
producto de exportación. Quizás el Congreso de Filosofía quiso ser
un espacio en el cual esto pudiera integrarse, ¿no?
" ( véase en:
http://recuerdosdelpresente.blogspot.com.es/2011/09/palabras-de-leon-rozitchner.html
)
Y
certeramente lo declara
Rozitchner, pues, por lo que yo sé Meabe ha pasado en dos ocasiones
por España para impartir cursos de doctorado en la Universidad de
León durante los años 1998 y 2007. También desde España salieron
a la luz su "Justicia,
derecho y fuerza: El pensamiento de Trasímaco
acerca de la ley y la
justicia" y
la traducción directa
de
"Ética a
Nicómaco",
publicados ambos por la Editorial Tecnos.
Por tanto su obra en parte es fácilmente accesible para nosotros y
estoy seguro que de altísimo interés no sólo para los de filosofía
sino muy recomendable para los estudiantes, profesionales y docentes
del derecho. (1)
Joaquín
Meabe es jurista, filósofo en los grados de Doctor, historiador e
investigador. Dirige el Instituto de Teoría general del Derecho (
UNNE) y es profesor titular de Filosofía del Derecho y de
Introducción al Derecho en la Facultad de Derecho de la UNNE. Es
autor de muchos libros, como:
Derecho
y Filosofía Social en Rousseau ( Corrientes, 1993)
El Derecho y la Justicia
del Más Fuerte (Corrientes, 1994),
Derecho, justicia y
fuerza (Tecnos .Madrid, 2001 en coautoría con S. Rus
Rufino)
Corrientes en 1855
(Corrientes, 2008),
Estudios sobre la
Política de Aristóteles, volumen I (Corrientes, 2009),
Estudios sobre
Tucídides, volumen I (Corrientes, 2009)
Materiales para una
lectura de Cristianos y marxistas en el contrafuego de A. Zamudio
Barrios (Corrientes,
2009),
Lecturas críticas del
otro Kelsen (Corrientes, 2009)
La cara oculta del
Derecho (Corrientes, 2009).
Introducción a Paideia
de W. Jaeger. Una guía para el conocimiento de sus principales temas
( Corrientes,2012)
Artefactos y márgenes de
la filosofía ( Las Cuarenta, 2014)
Como traductor y editor
publicó en España una
nueva versión directa y
anotada de la Etica a Nicómaco de Aristóteles juntamente con
Salvador
Rus Rufino ( Ed.
Tecnos.Madrid, 2009).
Tiene más de 400
artículos en revistas y en publicaciones científicas y académicas.
( 1) Puede
encontrarse su " Derecho, justicia y fuerza" en la Casa del
Libro:
https://www.casadellibro.com/libros-ebooks/joaquin-e-meabe/33126
Addenda:
Dejo este enlace con una
reseña sobre su Paideia de Jaeger
http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1669-27212016000200006
Antonio
Hidalgo Pedraza
Córdoba, 19
de febrero de 2018
Publicado por
Aletheia
2 comentarios:
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Etiquetas:
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sábado
EL ÁRBOL DEL SABER DE DESCARTES Y SUS MALENTENDIDOS
Es lamentable que ciertos estudios de elevado interés para entender la filosofía cartesiana hayan recibido por parte de las editoriales un descuido como ha sido el caso del libro de Desmond M. Clarke, titulado "La filosofía de la ciencia de Descartes". Creo que los hispanohablantes interesados en la investigación de la obra cartesiana sólo contamos con una única edición de Alianza Editorial, allá por los comienzos de los años ochenta,
Clarke cuestiona con sólidos argumentos la interpretación tradicional del apriorismo cartesiano, en una línea con la que considero afín el planteamiento que en otra entrada anterior he presentado sobre la metodología cartesiana aplicada a la investigación del mundo natural.
Pero no es esto en lo que quiero detenerme ahora, pues aún me hallo contrastando mi posición con las razones expuestas por el mencionado autor en su libro, pese a que actualmente cuento con menos tiempo para dedicar a estas labores investigadoras. Del libro de Clarke quiero traer a colación aquí algunas citas del propio Descartes que refrendan no sólo mis estudios sino el sentido que él daba al tiempo que dedicó a las especulaciones metafísicas. Pero, por otra parte, también me acercan a lo que intuyo que es la perspicaz visión de un gran intelectual argentino, el Dr. Joaquín E. Meabe, quien tanto me ha insistido en la vinculación o influencia del pensamiento pragmatista de Francis Bacon sobre las orientaciones o intereses que guiaban la visión cartesiana de la ciencia. No sólo sería patente la influencia baconiana en el planteamiento de la duda metódica, por su consonancia con el pensamiento de aquél de que, si se comienza con certezas,se termina dudando, mas si se comienza por dudar se terminará por dar con algunas certezas. También es plausible la influencia o, al menos, la coincidencia entre ambos en la concepción utilitarista de la nueva ciencia, orientada a dominar la naturaleza por medio del aumento del conocimiento con el fin de mejorar cada vez más la vida humana.
Descartes utilizó la famosa metáfora del árbol para explicarnos su visión del saber científico universal. Valga esta esmerada imagen de Marco Oca ( en prezi) para ilustrarla:
La metafísica, como vemos, se parangona con las raíces del árbol del saber. Esta equiparación puede inducir a una concepción bastante errada del pensamiento cartesiano, pues no deberíamos presuponer que a juicio de Descartes en la metafísica radicase la revolución que proyectaba realizar en la esfera del pensamiento científico.
Quizás deberíamos leer esta metáfora de Descartes con la mentalidad de un campesino. Ciertamente un agricultor cuidará sus árboles para que arraiguen firmemente en la tierra y se nutran lo suficientemente bien, pero siempre en vistas a los frutos que espera obtener. Éstos son su máximo interés. Y, para Descartes, el interés de la filosofía no era otro que proporcionar la sólida defensa de la nueva visión científica del mundo respecto de la cual los trabajos e investigaciones particulares de Copérnico, Kepler o Galileo, eran insuficientes o, al menos, ineficaces para acallar el escepticismo teológico-escolástico hostigante de las autoridades ( entre ellos, como yo defiendo, los adeptos a la posición relativista del Papa Urbano VIII) de su tiempo, tan contrarias a las orientaciones de la fisicamatemática.Sin embargo, cual si fuese un campesino, Descartes sólo prestaba sus cuidados a las raíces de este árbol con la gran esperanza de hacer ver y demostrar al mundo cómo del tronco de la física matemática iban a desarrollarse las ramas que nutrirían a la humanidad de los beneficiosos frutos de los que dependería todo progreso futuro. Y, por ello, más tiempo sería preciso prestar a las ciencias prácticas que el dedicado a la metafísica. De hecho, Descartes consideraba que, una vez que se hubiesen asentado los pocos principios básicos de una buena metafísica, podría dejar de reclamar más atención a fin de dedicarlo al progreso de la investigación del mundo natural.
Y dicho esto, traigo a colación las citas que recoge Clarke en su libro.
"Un punto a destacar es que no debe dedicar demasiado esfuerzo a las Meditaciones ni a las cuestiones metafísicas, o darles un tratamiento elaborado en comentarios y similares. Aún menos debe hacerse lo que algunos intentan, y sumergirse más profundamente en estas cuestiones que el propio autor; ya él se ha enfrentado con ellas con la profundidad suficiente. Basta con dominarlas una vez de forma general y recordar después las conclusiones. De otra manera conducen la mente muy lejos de las cosas físicas y observables y la hacen inapropiada para su estudio. Y sin embargo, son justamente esos estudios físicos el propósito más deseable para el hombre ya que pueden reportarle grandes beneficios para la vida. El autor ha desarrollado las cuestiones metafísicas con perfecta minuciosidad en las Meditaciones,y ha establecido su certeza en contra de los escépticos y demás; de modo que no se encuentren todos en la obligación de afrontar la tarea por sí mismos, o tengan la necesidad de gastar tiempo y desazones meditando sobre estas cosas. Basta con conocer el primer libro de los Principios ya que éste incluye aquellas partes de la Metafísica que es preciso conocer para la Física y demás ( citado de "Cottingham, pp.30-31",por D. Clarke en "La filosofía de la ciencia de Descartes", p.17)
"Puedo decir con certeza que la regla de oro que siempre he observado en mis estudios y que considero de la máxima utilidad en la adquisición de todo el conocimiento que poseo, ha sido no emplear nunca más de unas pocas horas al día en el tipo de pensamientos que ocupan la imaginación, y tan sólo unas pocas horas al año en aquellos que ocupan al intelecto puro...Creo que es muy necesario haber comprendido, una vez en la vida, los principios de la metafísica...Pero también creo que puede ser muy dañino ocupar con frecuencia el propio intelecto en meditaciones sobre ellos, ya que esto puede impedirnos el dedicarlo a las funciones de la imaginación y de los sentidos. Mejor es contentarse con guardar en la memoria y en el convencimiento las conclusiones obtenidas una vez de ellos, dedicando el resto del tiempo de estudio a pensamientos en los que el intelecto coopera con la imaginación y los sentidos " ( op.cit., cita de la correspondencia a Isabel de Bohemia, 28 de junio de 1643)
Clarke cuestiona con sólidos argumentos la interpretación tradicional del apriorismo cartesiano, en una línea con la que considero afín el planteamiento que en otra entrada anterior he presentado sobre la metodología cartesiana aplicada a la investigación del mundo natural.
Pero no es esto en lo que quiero detenerme ahora, pues aún me hallo contrastando mi posición con las razones expuestas por el mencionado autor en su libro, pese a que actualmente cuento con menos tiempo para dedicar a estas labores investigadoras. Del libro de Clarke quiero traer a colación aquí algunas citas del propio Descartes que refrendan no sólo mis estudios sino el sentido que él daba al tiempo que dedicó a las especulaciones metafísicas. Pero, por otra parte, también me acercan a lo que intuyo que es la perspicaz visión de un gran intelectual argentino, el Dr. Joaquín E. Meabe, quien tanto me ha insistido en la vinculación o influencia del pensamiento pragmatista de Francis Bacon sobre las orientaciones o intereses que guiaban la visión cartesiana de la ciencia. No sólo sería patente la influencia baconiana en el planteamiento de la duda metódica, por su consonancia con el pensamiento de aquél de que, si se comienza con certezas,se termina dudando, mas si se comienza por dudar se terminará por dar con algunas certezas. También es plausible la influencia o, al menos, la coincidencia entre ambos en la concepción utilitarista de la nueva ciencia, orientada a dominar la naturaleza por medio del aumento del conocimiento con el fin de mejorar cada vez más la vida humana.
Descartes utilizó la famosa metáfora del árbol para explicarnos su visión del saber científico universal. Valga esta esmerada imagen de Marco Oca ( en prezi) para ilustrarla:
La metafísica, como vemos, se parangona con las raíces del árbol del saber. Esta equiparación puede inducir a una concepción bastante errada del pensamiento cartesiano, pues no deberíamos presuponer que a juicio de Descartes en la metafísica radicase la revolución que proyectaba realizar en la esfera del pensamiento científico.
Quizás deberíamos leer esta metáfora de Descartes con la mentalidad de un campesino. Ciertamente un agricultor cuidará sus árboles para que arraiguen firmemente en la tierra y se nutran lo suficientemente bien, pero siempre en vistas a los frutos que espera obtener. Éstos son su máximo interés. Y, para Descartes, el interés de la filosofía no era otro que proporcionar la sólida defensa de la nueva visión científica del mundo respecto de la cual los trabajos e investigaciones particulares de Copérnico, Kepler o Galileo, eran insuficientes o, al menos, ineficaces para acallar el escepticismo teológico-escolástico hostigante de las autoridades ( entre ellos, como yo defiendo, los adeptos a la posición relativista del Papa Urbano VIII) de su tiempo, tan contrarias a las orientaciones de la fisicamatemática.Sin embargo, cual si fuese un campesino, Descartes sólo prestaba sus cuidados a las raíces de este árbol con la gran esperanza de hacer ver y demostrar al mundo cómo del tronco de la física matemática iban a desarrollarse las ramas que nutrirían a la humanidad de los beneficiosos frutos de los que dependería todo progreso futuro. Y, por ello, más tiempo sería preciso prestar a las ciencias prácticas que el dedicado a la metafísica. De hecho, Descartes consideraba que, una vez que se hubiesen asentado los pocos principios básicos de una buena metafísica, podría dejar de reclamar más atención a fin de dedicarlo al progreso de la investigación del mundo natural.
Y dicho esto, traigo a colación las citas que recoge Clarke en su libro.
"Un punto a destacar es que no debe dedicar demasiado esfuerzo a las Meditaciones ni a las cuestiones metafísicas, o darles un tratamiento elaborado en comentarios y similares. Aún menos debe hacerse lo que algunos intentan, y sumergirse más profundamente en estas cuestiones que el propio autor; ya él se ha enfrentado con ellas con la profundidad suficiente. Basta con dominarlas una vez de forma general y recordar después las conclusiones. De otra manera conducen la mente muy lejos de las cosas físicas y observables y la hacen inapropiada para su estudio. Y sin embargo, son justamente esos estudios físicos el propósito más deseable para el hombre ya que pueden reportarle grandes beneficios para la vida. El autor ha desarrollado las cuestiones metafísicas con perfecta minuciosidad en las Meditaciones,y ha establecido su certeza en contra de los escépticos y demás; de modo que no se encuentren todos en la obligación de afrontar la tarea por sí mismos, o tengan la necesidad de gastar tiempo y desazones meditando sobre estas cosas. Basta con conocer el primer libro de los Principios ya que éste incluye aquellas partes de la Metafísica que es preciso conocer para la Física y demás ( citado de "Cottingham, pp.30-31",por D. Clarke en "La filosofía de la ciencia de Descartes", p.17)
"Puedo decir con certeza que la regla de oro que siempre he observado en mis estudios y que considero de la máxima utilidad en la adquisición de todo el conocimiento que poseo, ha sido no emplear nunca más de unas pocas horas al día en el tipo de pensamientos que ocupan la imaginación, y tan sólo unas pocas horas al año en aquellos que ocupan al intelecto puro...Creo que es muy necesario haber comprendido, una vez en la vida, los principios de la metafísica...Pero también creo que puede ser muy dañino ocupar con frecuencia el propio intelecto en meditaciones sobre ellos, ya que esto puede impedirnos el dedicarlo a las funciones de la imaginación y de los sentidos. Mejor es contentarse con guardar en la memoria y en el convencimiento las conclusiones obtenidas una vez de ellos, dedicando el resto del tiempo de estudio a pensamientos en los que el intelecto coopera con la imaginación y los sentidos " ( op.cit., cita de la correspondencia a Isabel de Bohemia, 28 de junio de 1643)
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