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domingo

DOS VISIONES SOBRE LOS LÍMITES DE LA RAZÓN MATEMÁTICA: DESCARTES Y GÖDEL

¿ Es posible el encuentro entre dos caminantes matemáticos: el cuaderno postumo de Gödel y las reflexiones de Descartes?


No dispongo lamentablemente de tiempo para explicar cómo es posible trascender la comparativa de los itinerarios seguidos por dos grandes pensadores. Uno, el prócer del pensamiento moderno; el otro, un famoso matemático y filósofo contemporáneo. El camino pudo ser recorrido por los dos, en tiempos distintos, rodeados y afectados por circunstancias diferentes, pero convergiendo en la posada de ese viejo tema que investigué sobre Descartes y que, por muchos motivos o razones circunstanciales, tuve que dejar en fragmentos de investigaciones arduas y prolongadas: El infinito atribuible a Dios.  Creo que la importancia de la problemática trasciende las coordenadas del historiador de la filosofía y dan mucho qué pensar para la reflexión gnoseológica, si no metafísica.
Diré simplemente que a Gödel le recordamos por su famoso teorema de la incompletitud, demostrando la limitación de cualquier intento de sistematización unificadora dentro de la matemática para poder demostrar en una serie finita de pasos todo enunciado que fuese verdadero para ese sistema. El descubrimiento de Gödel tocaba perturbadoramente la base de todo proyecto logicista y formalista de unificación de las ramas de la matemática y hundía en el abismo el clásico ideal de certeza matemática que fue sentido tan vivamente por Descartes en sus coordenadas históricas. Gödel dio un paso más allá de Descartes: si éste pensaba que la única necesidad que encontraba en las verdades matemáticas se imponía sólo a la mente humana, Gödel sentenciaba la imposibilidad de todo proyecto de fundamentación unificadora de la matemática. Y, sin embargo, encontramos a ambos personajes viajando para pernoctar en una misma posada en sus caminos...Una posada en la que pudieron quedar sugestionados por análoga idea onírica : la idea de que la racionalidad misma hundía sus raíces en la profundidad de lo incomprensible y atematizable racionalmente...La paradoja de una razón finita que vislumbra misterios que la trascienden y reconoce su finitud sin claudicar de la búsqueda de descifrar la verdad científica.


A ambos les podemos encontrar concernidos por un esencial interés de la razón científica, como nos enseña Kant: la búsqueda sintética en la unidad de la razón de la totalidad del conocimiento sobre la realidad. En efecto, desde paradigmas distintos, Descartes se afanó en buscar la unidad del saber universal basado en la razón; Gödel descubriendo un teorema que establecía los límites de todo proyecto de unificación matemática dentro de cualquier sistema axiomático consistente. Pero aunque Descartes parece debatirse desde presupuestos metafísicos en los que ocupa un puesto central la reflexión sobre el infinito concebido como Dios - ya desde su temprana correspondencia con Mersenne-; Gödel, en polémica con el proyecto formalista de Hilbert como esfuerzo de ideal matematecista tras la derrota del proyecto logicista. Lo de Gödel tenía inevitablemente implicaciones más allá de las matemáticas y, en tal caso, demostraba los límites de la razón teórica o científica en general. Pongo como ejemplo una cita:


" Un argumento en contra de la teoría del todo es el teorema del Gödel que dice que las matemáticas son inexhaustas, que no importa cuántos problemas se puedan resolver, siempre habrá otros que no se puedan resolver con las reglas existentes. Y como las leyes de la física se basan en leyes matemáticas, el teorema de Gödel se aplica a ellas.


Hawking ( 2002) dijo que muchas personas estarán muy disgustadas si no hay una teoría última que pueda formular un finito número de principios. Yo solía pertenecer a ese campamento, pero yo he cambiado mi pensamiento" ( cita de "La unificación de la Física", de David Arista Ramírez. Tomada de https://es.scribd.com/doc/31337425/La-Unificacion-de-la-Fisica


Por ende, parece que el famoso teorema de Gödel abordaba cuestión tan importante como la que preocupase a Descartes, pero con diversas orientaciones. En efecto, porque lo de Gödel probablemente podría situarse más cerca de las implicaciones críticas de la intención de la angélica doctrina que del prometéico intento de Descartes por retorcer las razones del Papa y demostrar que la Perfección y Omnipotencia divinas eran las garantes de la unidad de todas las ramas del saber racional sobre el mundo real posibilitada por las matemáticas. Asumen ambos, Descartes y Gödel, el presupuesto de que la física se basa en las matemáticas, pero la posición de Gödel nos devolvería al terreno de encuentro entre Urbano VIII y Descartes, acercandose más al relativismo epistemológico de aquél que a la apuesta racionalista cartesiana. No obstante, ambos sintieron el roce del absoluto incomprensible con la razón finita humana. Y como prueba: el cuaderno de Gödel...


El cuaderno de Gödel es un misterioso diario que nos ha dejado de su peregrinaje. También a su manera parece pedir una contextualización más allá de toda coordenada biográfica, más bien filosófica y existencial: en relación con una profunda reflexión sobre límites, que es en definitiva pensar metafísicamente...


En los años setenta, a las puertas de la muerte, Gödel reveló a uno de sus discípulos un cuaderno en el que había ido escribiendo reflexiones suyas. Imaginad el asombro del alumno cuando descubrió que versaban sobre una famosa prueba de la existencia divina, con tan contadas adhesiones como masivas diatribas: el argumento ontológico...


Relacionar estos dos hitos en la biografía intelectual de Gödel puede ser una tarea interesante para una investigación histórica, pero como yo no conozco la vida de este científico no pretenderé decir ahora nada sobre ello. Pero, por otro lado, se me ocurre que hay algo en la trayectoria cartesiana que puede arrojar luz para dar pie a una reflexión de otro nivel, más metafísica, más epistemológica...Más sincrónica, es decir, sistemática. Pues puede tratarse de una aporía derivada de pensar metafísicamente en el infinito...
Darle vueltas filosóficas a la idea de infinito lleva al horror vacui. Y no sólo porque nos haga sentir la finitud como limitación, carencia y, por ende, dependencia, sino porque lleva a situaciones límites a la misma lógica de investigación científica desde el momento en que deba admitir su falibilismo ( Popper), la imposibilidad de garantizar para un constructo sistemático consistente la deducibilidad de una verdad que pudiera serlo entre otras posibles combinaciones lógicas, y que ni siquiera un sistema axiomático pudiese probar ni la verdad ni falsedad de una proposición dada ( Gödel), la inconmensurabilidad de los paradigmas teóricos ( T. Kuhn) o la fe cartesiana en que otras sistemáticas lógicas sólo son posibles a Dios que impone como necesaria sólo una a la mente finita de sus criaturas humanas. No digo más, pero dejo una cita de uno de esos fragmentos de trabajo que pude hacer desempolvando viejos libros que ya nadie lee porque nadie ha traducido...


"Y en ese justo sentido, la duda de los aristotélico-ptolemaicos dirigida contra los partidarios del heliocentrismo era una peligrosa arma de doble filo que también apuntaba contra ellos. En efecto, suponía - dice Morpurgo, como "corollario de la omnipotenza"- " la impenetrabilità della sapienza di Dio", es decir, la incomprensibilidad del infinito para una mente finita. Por ello, en primer lugar, " penetrarla significaba en efecto constreñirla por la ley de la imposibilidad de lo contrario, o sea, limitarla" (13); pero, en segundo lugar, llevaba a limitar acuciantemente la capacidad cognoscitiva de la razón humana con respecto a la creación, pues " el intelecto no agota las infinitas combinaciones posibles de la naturaleza. En este campo ningún resultado suyo es apodictico". (14). Por todo ello, era bastante inconsistente que un reparo teológico capaz de cuestionar la capacidad cognoscitiva de la razón y la validez de sus constructos teóricos, pudiese ser utilizado con cierta inconsciencia contra un constructo teórico rival por los partidarios del otro dominante."




Y asimismo las reflexiones de Descartes sobre la posibilidad de otras axiomáticas matemáticas




Antonio Hidalgo

miércoles

EMPIRISMO Y APRIORISMO FORMALISTA EN LA CONCEPCIÓN METODOLÓGICA DE LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA DE DESCARTES

EL EMPIRISMO Y EL APRIORISMO EN DESCARTES: DESCARTES NO FUE UN APRIORISTA PURO.

Quiero compartir con vosotros una interpretación de la metodología cartesiana que cada vez veo más claramente como la más adecuada, a contracorriente de la canónica explicación tanto del método como del sistema filosófico de Descartes. Según esta interpretación, Descartes no era un apriorista puro, al menos en lo que a su concepción de la investigación física de la naturaleza respecta. Todos sabemos de la importancia de los dos momentos del método cartesiano: el analítico y el sintético. Pues, bien, si releemos pasajes de la obra de Descartes ( las reglas para la dirección del ingenio, el Discurso, la correspondencia - por ejemplo, la dirigida a Morinus-, etc.) parece muy claro que en su concepción de la metodología científica hay que distinguir dos aspectos: el heurístico - dentro de lo que en terminología más reciente se denominaría el contexto de descubrimiento-, y el formalista demostrativo - dentro de lo que se denominaría el contexto metodológico de justificación. El primero se realizaría mediante el proceder analítico reductivo, consistente en reducir lo complejo a lo simple, es decir, las estructuras complejas a otras estructuras constitutivas más simples y más clara y distintamente representables. Pero para este paso una investigación de la verdad científica requiere partir de la observación atenta de la realidad dada a los sentidos, y por tanto el proceder científico partiría de la "empiria", es decir, sería " a posteriori". El análisis debería reducir los fenómenos de la experiencia a un constructo explicativo en términos estrictamente conformes con los modelos teoréticos de la fisicamatemática o mecánica. De este modo, la metodología cartesiana proporciona un criterio de aceptabilidad o demarcación científica que implicaría la exclusión como pseudociencia de todo intento de explicación de los fenómenos en términos no reducibles a los principios generales de la mecánica.
Ahora bien, no basta con el análisis, pues éste no puede garantizar con certeza la verdad de un ensayo explicativo de los fenómenos naturales observables. Para ello es preciso el paso de la síntesis, es decir, la derivación deductiva de una explicación hipotética mecanicista de tales fenómenos a partir de principios generales y cuya verdad sea evidente o indudable. Sólo en este momento formal conducente a la verificación deductiva, Descartes sería apriorista.Descartes sólo era apriorista formalmente, es decir, al establecer la necesidad de demostrar deductivamente a partir de los principios de la metafísica y de las leyes generales de la física las hipótesis particulares explicativas de los fenómenos naturales para establecer con certeza su verdad y superar el relativismo o la sospecha escéptica que suponía la posición tradicional de "salvar las apariencias", sostenida por las autoridades escolásticas ante la naciente visión científica del mundo.
En esta línea estoy releyendo a Descartes y veo que encaja perfectamente con mi investigación sobre los motivos profundos del pensamiento crítico representado por la duda metodológica y la génesis de la hipótesis del Deus Deceptor.

Esta relectura me lleva a corregir las consideraciones preliminares que hice sobre la comparación del método cartesiano con el de Galileo en mi ensayo titulado "El caballo de Troya de Descartes". Pero, sin embargo, supone un refrendo para todo lo demás contenido tanto en el libro como en los artículos relacionados en el blog y aquí